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De
igual modo todo obrero o artesano, que trabaja día y
noche; los que graban las efigies de los sellos, y su afán
se centra en variar los detalles; ponen todo su corazón
en igualar el modelo y gastan sus vigilias en rematar la
obra.
También
el herrero sentado junto al yunque, atento a los trabajos
del hierro; el vaho del fuego sus carnes derrite, en el
calor de la fragua se debate, el ruido del martillo le
ensordece, y en el modelo del objeto tiene fijos sus ojos;
pone su corazón en concluir sus obras, y sus vigilias en
adornarlas al detalle.
De
igual modo el alfarero sentado a su tarea y dando a la
rueda con sus pies, preocupado sin cesar por su trabajo,
toda su actividad concentrada en el número; con su brazo
moldea la arcilla, con sus pies vence su resistencia; pone
su corazón en acabar el barnizado, y gasta sus vigilias
en limpiar el horno.
Todos
éstos ponen su confianza en sus manos, y cada uno se
muestra sabio en su tarea.
Sin
ellos no se construiría ciudad alguna, ni se podría
habitar ni circular por ella.
Mas
para el consejo del pueblo no se les busca, ni se les
distingue en la asamblea. No se sientan en sitial de juez,
ni meditan en la alianza del juicio.
No
demuestran instrucción ni juicio, ni se les encuentra
entre los que dicen máximas. Pero aseguran la creación
eterna, el objeto de su oración son los trabajos de su
oficio."
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